Acostumbrado me inclino a un sopor.
Ciego a lo evidente, me retuerzo por dentro.
Sangrando.
Sangrante.
Aburrido y seco y añejo y podrido.
Caido durmiente obsesivo.
Nunca me despojo de toda mi verdad.
Una cuota oculta y obscura subyace en mi mente refugiada y doliente.
Una herida en mi interior me impide ser feliz.
Olvido, pero la herida sangra una y otra vez con sangre negra y putrefacta.
Mi nariz se tapona de un inmenso sabor a cloaca que sale de mi alma e inunda toda la pieza.
La casa.
El mundo…
Mi mente divaga…

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